
Virus, estrés, contaminación… Nuestro cuerpo lucha cada día con decenas de agentes externos, por lo que cobra especial importancia mantener un sistema inmunitario fortalecido que evite, en la medida de lo posible, resfriados, infecciones o incluso enfermedades más graves. Y no solo eso, factores como el alcohol, la falta de sueño o una dieta pobre en nutrientes pueden ser también causantes de dañar nuestra salud inmunológica. Hay muchas cosas que si dependen de nosotros sin embargo controlar otros factores externos, es más difícil que los evitemos. Muchas veces, y con solo cambiar nuestro estilo de vida, podemos apoyar nuestro sistema inmune. Y desde luego no cabe duda que es especialmente importante durante los meses de invierno.
Este sistema está diseñado para que ejerza de protector de nuestro organismo cuando encuentre un patógeno sospechoso. Ante este ataque, el sistema inmune tiene dos tipos de respuestas: la innata y la adaptativa. La primera de ellas consiste en las barreras físicas y químicas para la infección, más la acción de ciertas células inmunes. Estas bloquean la entrada y propagación de patógenos y proporcionan respuestas inmediatas pero no específicas. Podemos decir que nuestro sistema inmune es funcional al nacer. En segundo lugar, la respuesta adaptiva, que se va adquiriendo a medida que interactuamos con nuestro entorno, es la segunda línea de defensa e involucra respuestas específicas hechas por el sistema inmune a diferentes patógenos, adaptándose esta respuesta a una amenaza individual.
Ahora que ya sabemos en qué consiste y como ejerce esa función de protección de nuestro cuerpo, podemos entender que con cambios de hábitos y pequeños esfuerzos diarios podemos conseguir fortalecerlo. Debemos tener en cuenta, que nuestra alimentación es clave para conseguir nuestro propósito, y podemos mejorarla poniendo especial hincapié en algunos nutrientes importantes para cuidar nuestras defensas. Debemos aumentar la cantidad de frutas y verduras que contengan antioxidantes.
¿Cuáles son esos nutrientes? En primer lugar, podemos destacar la vitamina C. Sí, seguro que has oído que, para evitar los resfriados y las gripes en esta época del año, debes tomar mucha vitamina C. Esta vitamina desempeña un papel integral en el apoyo inmunológico. Numerosos estudios sobre la vitamina C parece que indican la posibilidad de reducir la incidencia tanto de resfriados como de gripe, junto con la gravedad de los síntomas. Se cree, además, que es compatible con la inmunidad innata y adaptativa y se ha demostrado que estimula la producción de glóbulos blancos encargados de combatir las bacterias y los virus extraños. Podemos encontrar este nutriente en frutas como las naranjas, limones, kiwis… o en verduras como el brócoli y el pimiento rojo.
En segundo lugar, y no por ello menos importante, tenemos que hablar de la vitamina D3. Este nutriente, también conocido como la ‘vitamina solar’, se caracteriza porque tiene la función de ayudar al organismo a absorber el calcio, tan importante para los huesos. Se produce naturalmente por el cuerpo en respuesta a la luz solar UV. Pero es que en invierno es particularmente importante porque hay menos sol y la vitamina D, también contribuye al funcionamiento normal del sistema inmunológico. Lo mismo ocurre con el Zinc.
Así que ya sabes, ambos nutrientes son muy importantes para que puedas mantener tus defensas durante los meses de invierno.
No debemos olvidar que nuestro sistema inmunológico es nuestro principal protector y que fomentar hábitos que logren fortalecerlo nos evitará, en gran medida, evitar que nos sintamos mal en esos meses del año.
Respetar las horas de sueño, reducir el estrés y, en tercer lugar, llevar una dieta sana y rica en nutrientes como la vitamina C, la vitamina D3 y el zinc, puede salvarnos de pasar el invierno pegados a un pañuelo.